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Hace precisamente diez años, el 22 de diciembre de 1988, fue asesinado Chico Mendes por unos pistoleros a sueldo. Durante años luchó contra aquéllos que, movidos por el lucro, destruían la gran selva amazónica, patrimonio de toda la humanidad.

 

CHICO MENDES: EL GANDHI DE LA AMAZONIA

 

Los habitantes de la Amazonia siempre tuvieron por madre a la tierra que les daba su sustento. Toda su vida dependía de la tierra, de la selva que les protegía y proporcionaba alimento. Sin embargo, la selva amazónica, fuente de riquezas inestimables, ha atraído a muchos deseosos de explotarla, pero sin respetar su equilibrio ecológico.

Junto a los trabajadores del caucho que extraen la valiosa sustancia de los árboles, aparecieron las grandes industrias alimentarias y mineras que querían adueñarse de las riquezas del subsuelo. El respeto a la naturaleza desaparece. La selva empieza a morir poco a poco y con ella los indígenas que la habitan. Muere el gran depósito de oxígeno para el mundo entero.

Chico Mendes era un trabajador del caucho, la sustancia vegetal de donde se extrae la goma. Poco a poco, por su interés en defensa de los trabajadores, llegó a ser presidente del sindicato de trabajadores rurales de Xapuri, ciudad del extremo norte de Brasil.

Para llevar adelante sus reivindicaciones, Chico adoptó el método de la no violencia. Quería lograr sus objetivos mediante un diálogo que llevara a una situación justa. Por eso se le conocía como el Gandhi de la selva. Y Chico consideraba a ésta como su casa.

 

HAY QUE HACER ALGO

 

Movido por la amplitud de estos problemas, Chico no sólo quiso informar al mundo de los peligros que existen en despoblar la selva, sino también hacer respetar los derechos de los trabajadores explotados por las compañías multinacionales. El método elegido por el joven sindicalista brasileño para detener las máquinas que llevaban la destrucción y la muerte a la selva fueron los «empates»: los hombres se ponían delante de las máquinas que talaban los árboles para impedirles actuar.

Chico Mendes adquirió fama mundial cuando ganó el «Global 2000», premio internacional con el que las Naciones Unidas quisieron recompensarle por su labor en defensa de la selva amazónica.

Claro está que el afán de Chico no podía ser grato a los terratenientes, que veían desvanecerse las posibilidades de lucro. Estos pagaron a unos hombres sin escrúpulos para que lo asesinaran. Chico sabía que querían matarlo, por eso días antes de morir le dijo a un periodista italiano: «He sufrido cinco intentos de asesinato; nunca he salido solo de noche». Pero hasta su misma casa llegaron los asesinos, el 22 de diciembre de 1978, y lo mataron en su jardín. Días antes de ser asesinado, Chico había dicho: «Yo no quiero morir; quiero vivir para seguir luchando por salvar la Amazonia».

A diez años de su muerte, sus compañeros continúan el compromiso de dar a la selva la posibilidad de sobrevivir.