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MISIÓN SIN FRONTERAS: 20 AÑOS

 

CIEN LENGUAS Y CIEN CORAZONES

 

«Quisiera disponer de cien lenguas y cien corazones», dijo una vez Comboni. Pues ha logrado su deseo. Ahora los tiene en los cientos de páginas de publicaciones misioneras impresas cada mes, que «hablan y laten» en todos los idiomas por él, por su África, por los pobres de la tierra, por la misión de la Iglesia, por el Reino de Dios. Es también el caso de Misión Sin Fronteras, que desde hace 20 años lleva la voz del mundo misionero a miles de hogares en el Perú, Chile y otros países de América Latina.

 

"Tengo lengua para hablar, pluma para escribir y valor para soportar los rechazos", manifestó una vez Comboni en carta al obispo de Verona, Canossa. Las palabras que escribió entonces no eran sólo expresión de un sentimiento pasajero, fruto de su carácter apasionado. Fue consecuente con ellas toda su vida. Y cuando las penalidades de la misión africana y una fatal enfermedad acabaron con él en Jartum, el 10 de octubre de 1881, dejó escritas miles de cartas –de las cuales 871 se han conservado y llegado hasta nosotros–, dirigidas a una gran variedad de personas de los más diversos e insospechados lugares.

Sin la ayuda de la multicopista o de una simple máquina de escribir, redactó a mano un asombroso número de cartas. Sólo durante el año 1871 escribió 1.437, de las que únicamente 18 han llegado hasta nosotros. Vivió consumido por una única pasión, la de dar a conocer África y los africanos, en su deseo de implicar a gente de toda condición en su esfuerzo misionero, la regeneración del continente negro.

Daniel Comboni sintió, como pocos en su siglo, toda la urgencia del problema africano, el drama de la gente de África abandonada y entregada a la esclavitud, privada de su dignidad. «Urge la regeneración de África. No encuentro palabras para describir el dolor que siento, la profunda pena de mi corazón, cuando pienso en la desolación y abandono a que están relegados los africanos».

En su tiempo no existían cadenas de televisión que hicieran llegar al público su imagen, las preocupaciones que anidaban en lo hondo de su corazón. Él mismo tenía que hacerse visible en todas partes en Europa, llevando la pasión de su vida –«¡África o muerte!»– e incendiando con ella otros corazones. Viajó extensamente por Italia, Austria, Alemania, Francia.

Era totalmente consciente de la importancia de llevar la causa de África Central a los ámbitos políticos de Europa. Todavía habían de pasar generaciones para que se discutieran las relaciones entre el Norte y el Sur, entre el mundo desarrollado y el no desarrollado, o para que se hablara del «nuevo orden mundial». Sin embargo, en su pasión y celo por la salvación de los africanos que tanto amaba, él se adelantó cien años a su tiempo, defendiendo muchas de las causas de hoy. Y lo hizo con enorme pasión, celo y entrega, imaginación y creatividad.

Sólo la muerte puso freno a su pasión por llegar más lejos e implicar a nuevas gentes en el Plan de su vida. Cuando su mano dejó caer la pluma para nunca más volverla a tomar, tenía 96 artículos, informes y ensayos impresos en 16 revistas y boletines, publicados en italiano, alemán y francés, con algunos traducidos al inglés, al español y al portugués.

«Yo muero, pero mi obra no morirá», fueron sus últimas palabras. Tampoco murió con él su pasión por llegar al conjunto de la Iglesia, así como a las clases dirigentes de la sociedad y al público en general. Él mismo había creado un instrumento para mantener esa pasión viva, los Annali del Buon Pastore (Anales del Buen Pastor), de donde más tarde nacería la conocida revista italiana Nigrizia.

Sus hijos e hijas heredaron de él su pasión por los medios de comunicación. Y después de su muerte, el nombre y el número de los Anales se han multiplicado por todas partes adonde ellos y ellas han ido, atendiendo a su llamada al servicio misionero. Hoy los Combonianos editan un total de 18 revistas de información, 7 revistas para niños y un gran número de boletines y otras publicaciones, todo ello dirigido a fomentar el conocimiento de la misión y a hacer que los cristianos la sientan más intensamente.

Los nombres varían, los idiomas son diferentes, pero los fines son los mismos: mantener vivo el fuego misionero que consumió la vida de Comboni, favorecer la causa de los pobres, ensanchar los muros de la Iglesia hacia los horizontes del Reino, abrir caminos de diálogo entre religiones y pueblos, pregonar la hora de esta misión para la Iglesia. Y estos fines han permanecido invariables en un mundo sometido a un cambio acelerado: hoy el ámbito de los medios de comunicación exige más profesionalismo a los hijos e hijas de Daniel Comboni, más profetismo para defender sus causas, más decisión para transmitir su mensaje, más compromiso para hacer honor al sacrificio de su vida.

 

UN CAMINO DE 20 AÑOS

Hace 20 años tocó el turno a Perú. Por iniciativa del P. Adalberto Mohn surgió «Esquila Misional», que luego se transformaría en Misión Sin Fronteras y que hoy llega a su número 200. Por el significado que este acontecimiento tuvo en la vida de la provincia de Perú-Chile, transcribimos algunos párrafos del primer editorial de la revista. En ellos se presenta todo un programa de vida para nuestra publicación.

«Ahora nos toca editar también en el Perú. No podemos imaginarnos aquí en el Perú cuántas revistas católicas se editan en los países europeos y en Norteamérica. El apostolado de prensa en esos países tiene una larga tradición. Pero el futuro de la Iglesia está aquí, en Latinoamérica. No es una casualidad que su primer viaje al extranjero trajera al papa Juan Pablo II a América Latina. La Iglesia católica se hace cada día más católica, más universal, más internacional...

Somos la Iglesia del futuro y el futuro de la Iglesia. Pero también tenemos que ver la forma de aprovechar en bien de la Iglesia todos los medios modernos que están a nuestra disposición –la radio, la televisión y la prensa–. El medio más antiguo de éstos es la prensa. Tenemos que confesar que en este campo hemos hecho hasta ahora demasiado poco. Hemos dejado el campo casi totalmente a aquellos grupos que están lejos de la Iglesia o que van contra ella.

De ahora en adelante Esquila Misional peruana quiere ayudar a recuperar un poco el terreno perdido. Quiere ser sólo un primer paso. Poco después saldrá nuestra revista para niños, Aguiluchos, también en edición peruana. Seguramente constituirá una gran alegría para muchos peruanos que ya conocen la edición mexicana de estas dos revistas el hecho de que por fin las editemos aquí. Pero esto no es suficiente. Tenemos que ir convenciéndonos de que todos nosotros tenemos una tarea frente a la Iglesia. La Iglesia no es sólo algo para los sacerdotes. Las misiones no son solamente algo para los misioneros. Muy por el contrario, todos nosotros somos Iglesia. Todos debemos ser misioneros.

Las dos revistas tienen esta doble finalidad: informarnos sobre la Iglesia y las misiones; formarnos para que cada día seamos más cristianos, más católicos, más misioneros...

Esperamos que este primer paso sea de verdad tan sólo el primero. Porque anhelamos mucho más. Editar revistas seguramente ya es un apostolado bueno. Pero es demasiado poco todavía. No hace falta una revista más en el Perú, o dos revistas más. Hacen falta muchos sacerdotes peruanos, muchos misioneros peruanos, muchas religiosas peruanas, aquí en el Perú y en todo el mundo, para que nuestra Patria pueda de verdad cumplir con su papel en la Iglesia, en América Latina y en el mundo».

Al P. Adalberto Mohn le sucedió en la dirección de la revista el P. Romeo Ballan, en setiembre de 1982. El padre llegó al Perú luego de diez años de trabajo misionero en Zaire (hoy República Democrática del Congo), además de una amplia experiencia en el campo periodístico: en España había sido director de la revista comboniana «Mundo Negro».

Exactamente a los seis años, el P. Romeo pasó la posta con estas palabras: «Ahora dejo la dirección de «Misión Sin Fronteras» y sé que va a estar en buenas manos, porque conozco el corazón misionero y las cualidades profesionales de mi sucesor, el P. Antonio Villarino Rodríguez, un comboniano de 41 años, con título periodístico y años de experiencia misionera africana en Ghana».

Providencialmente, el P. Villarino asumió la dirección de MISF al celebrarse los 20 años de la Asamblea de Medellín. A él le tocó cubrir dos acontecimientos eclesiales de gran trascendencia: el IV Congreso Misionero Latinoamericano y Santo Domingo.

En abril de 1993 tocó su turno al P. Jorge García Castillo, comboniano mexicano con estudios de periodismo y una experiencia de seis años de trabajo en la revista comboniana de su país: Esquila Misional.

Son 20 años de camino, 200 números en los que la revista ha llegado a numerosos hogares, parroquias, comunidades cristianas, colegios, cárceles, universidades y muchos otros ambientes con un solo objetivo: informar y animar misioneramente a esta porción del Pueblo de Dios que peregrina en América Latina, el Continente de la Esperanza Misionera.