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EL NOMBRE ES COSA SERIA

Los nombres africanos, generalmente muy largos y ricos de significado, ayudan a preservar valores de la cultura de cada pueblo. En África el alias o sobrenombre es el verdadero nombre. Es como las personas son llamadas normalmente.

En el mundo entero, en las regiones de tradición cristiana, es costumbre dar al niño un nombre en el bautismo. Lo mismo sucede en África, pero con una diferencia: el sobrenombre, que tiene relación con la cultura local, es más importante que el nombre –muchas veces influenciado por Occidente–. El alias o sobrenombre es el verdadero nombre. Es como las personas son llamadas normalmente. Y ese nombre africano tiene un carácter más personal que familiar. La práctica ayuda a conservar los valores típicos de cada cultura, como, por ejemplo, la comunión con los antepasados. Es el caso de mi hermano Bernard Monga Fuka Mayingo, que heredó el nombre de un tío mío. Fue la manera encontrada por mis padres para homenajear a ese tío, que murió en la época del nacimiento de mi hermano.

 

 

NOMBRE = PERSONA

En el mundo africano, el nombre se identifica con la persona, expresa lo que ella es, siente, piensa. Cuando alguien se presenta, enseguida dice cómo se llama. O mejor, revela la identidad personal y social, el papel o función que ejerce en la familia y en la comunidad, el sentido que pretende dar a la vida, lo que la familia o la sociedad espera de él.

Así que nadie dice: «Yo me llamo fulano de tal», y sí, literalmente: «Yo soy...». La persona se identifica mejor por el nombre que posee. Sucede así en la mayoría de las culturas del África negra.

Es por eso que el africano tiene nombres de sobra, y muy largos. Los recibe en el momento de su nacimiento, de los ritos de iniciación (que marcan el paso para la vida adulta), a lo largo de la vida.

Para algunos pueblos, la importancia de la persona depende del número de nombres que posee, o de lo que significan. Entre los baluba de la región de Katanga (Congo), por ejemplo, es costumbre elogiar a una persona citando todos sus nombres y su ascendencia.

Existen nombres «reservados», que sólo se pronuncian en ocasiones extraordinarias, como fiestas y cultos; y otros más «accesibles», que son conocidos por los miembros de la familia, parientes y amigos.

El nombre es una especie de puerta que conduce a la parte más íntima de una persona, sus secretos. Se considera que quien conoce el nombre más reservado de una persona, tiene también el poder de dominarla. «Pa-ra elogiar a una persona es preciso mencionar todos sus nombres», dice un proverbio baluba. Y añade: «Penetrando en sus entrañas, es posible convertirla».

 

NOMBRES DE TODO TIPO

Toda etnia posee sus propios nombres, que normalmente utiliza para diferenciarse de otras. Ello permite conocer el origen de una persona sólo por el nombre tradicional. Nombres como Banza o Nkulu, por ejemplo, son típicos de los baluba.

 

El nombre no se pone arbitrariamente a una persona. Significa algo, un proyecto de vida, un lema, un grito que se desea lanzar. Entre los baluba, Mwadyavita quiere decir Jefe de la Guardia Real; Dyese, Bendición; y Mapendo, Amor.

Es también costumbre dar a la persona el nombre de un animal. Es como si le fuesen atribuidas las cualidades del respectivo animal y su papel en la naturaleza. Es el caso de Ntambo (León), Nyoka (Serpiente), o Kabeya (Búfalo). O, inclusive, nombres de plantas como símbolo de belleza, fuerza y protección: N'kulu (planta que protege a quien tiene mal de ojo y que se cultiva alrededor de la casa) y Malenge (una especie de planta acuática).

Aunque los nombres son siempre una cosa muy seria para el africano, algunos apenas despiertan curiosidad o representan una broma. Otros, por el contrario, sugieren una visión nada edificante, como Makilamabe (Desgraciado).

Sucede también que los nombres tradicionales son acompañados –inclusive en la edad adulta– de otros, cariñosos, que las personas reciben en la infancia. En el antiguo Zaire es fácil escuchar nombres como: Dudu, Totó, Nonó, Bebé, Papy... La preferencia actual, sobre todo entre los jóvenes, es por los nombres de personajes famosos del mundo de las artes y los deportes.

Sobre los tipos de nombres, muchos se relacionan con Dios o los espíritus. Tal es el caso de los que poseen la raíz «imana» o «mungu» en la lengua kinyarruanda, de Ruanda; o kirundi, de Burundi: Habyarimana (Dios es quien crea), Bizimungu (Dios es quien sabe), Abimana (Los hombres de Dios no necesitan de nada).

El contacto con civilizaciones de fuera generó nombres influenciados por Occidente. Ello comenzó cuando los portugueses pasaron por la antigua región del Imperio Kongo (actuales Congo, Angola y la parte occidental del antiguo Zaire), en el siglo XVI, dejando sus marcas. Surgieron nombres nuevos en la región, como Ndoluvwalu (don Álvaro), Ndonzwau (don Juan), Ndontoni (don Antonio), Ndomingu (don Domingo).

Con el cristianismo, muchos nombres occidentales se infiltraron en la cultura africana. Hoy es una costumbre acompañarlos con nombres de santos africanos, como los mártires de Uganda (Carlos Lwanga y compañeros), mártires del Congo (Anuarite, Bakanja) y la sudanesa Bakhita.

Para borrar ese tipo de influencia europea, algunos países llegaron a prohibir el registro de nombres cuyo origen no fuera africano. Aconteció así en el antiguo Zaire, entre 1972 y 1991, y en el Chad.

 

CRITERIOS DE ELECCIÓN

Los criterios que pueden ayudar en el momento de escoger el nombre son numerosos. En ese momento los antepasados ocupan un lugar destacado, pues el africano negro no considera que alguien esté muerto de hecho. Existe una verdadera comunión entre vivos y muertos. Integran el grupo de los antepasados las personas que llevaron una vida ejemplar. Los bandidos, por lo tanto, quedan fuera.

Poner el nombre de un antepasado a un niño, es una manera de recordarlo de la familia. Quiere decir que la persona que murió sigue presente. Normalmente, además de los nombres de los antepasados, se atribuirá al niño un papel parecido al que desempeñó el antepasado en el curso de su vida.

 

Hay criterios, sin embargo, que van más allá del parentesco. A veces, una persona que pertenece a otra etnia o raza establece lazos de amistad tan fuertes con una familia que llega a ser considerada miembro de ella. En esos casos, una forma de traducir ese sentimiento de amistad de la familia es poniéndole el nombre del «nuevo hermano» –africano o no– a un recién nacido.

También la manera como nace un niño puede determinar su nombre. El que nace con el cordón umbilical alrededor del cuello es llamado Mujinga entre los baluba y otros pueblos de la región de Katanga. En el caso de los moore, de Burkina Fasso, quien nace sin cabello es llamado Zügbelle.

Un acontecimiento importante o las circunstancias del parto son cosas que merecen ser recordadas. Por eso, en algunos países que hablan francés muchos niños llevan el nombre de Marché (Mercado), por haber nacido en día de feria. O de Chemin (Camino), porque nacieron cuando la madre viajaba.

El orden del nacimiento también puede ayudar en la elección del nombre de los hijos. Entre los coniagui, de Guinea, los niños son llamados: Sara (Primero), M'Puna (Segundo), y Tala (Tercero); y las niñas, Nemote (Primera), Gnena (Segunda) y Afouna (Tercera).

Hay pueblos que toman en cuenta el día del nacimiento. Los baulé, de Costa de Marfil, acostumbran llamar a los niños Kuasi (Lunes), Kuadio (Martes), Konan (Miércoles), Kuaku (Jueves), Yao (Viernes), Koffi (Sábado) y Kuahyin (Domingo).

 

VISIÓN DEL MUNDO

 

¿Quién tiene el poder de escoger el nombre y en qué ocasión sucede? La elección toca a los padres o tíos y el nombre es anunciado durante una ceremonia religiosa.

Los baluba interpretan los sueños de los padres, sobre todo los de la madre, durante el embarazo. Con frecuencia recurren a la ayuda de los sacerdotes tradicionales y a los adivinos para certificar que eligieron bien el nombre.

Generalmente, la elección se da en el momento del nacimiento o después de un período de observación, que varía según los pueblos, pudiendo durar hasta los diez años. Dicen que ese tiempo sirve para conocer el carácter del niño.

Para los baluba, la elección del nombre significa también que ha llegado el momento de que el pequeño sea presentado a la comunidad y al poblado. Los batabwa, un pueblo cercano, esperan un año para hacerlo. Antes de eso llaman al chico o a la chica Kisile (el que todavía no tiene nombre.

Detrás del nombre de un africano hay toda una visión de vida y del mundo. Muestra la riqueza de cada cultura y de cada etnia. El nombre sitúa a la persona dentro de su relación con la familia, la sociedad, el universo que lo rodea y Dios.

En el arte de escoger el nombre para alguien, la sociedad africana muestra que entiende a la persona como un misterio que debe ser revelado, pues ella integra una red de relaciones y es única en el mundo.

Negar el nombre a un africano significa separarlo de Dios, de su mundo, de su propia persona y cultura. Fue lo que sucedió con los negros arrebatados de su tierra por los traficantes de esclavos.

Cuando eran vendidos como mercancía en Europa o en América, perdieron sus nombres. Perdieron parte de sí mismos.

 

León N.K. Umpungu